La Rioja, Lunes 11 de Diciembre de 2017

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General Paz

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José María Paz y Haedo (Córdoba, Argentina; 9 de septiembre de 1791 – Buenos Aires el 22 de octubre de 1854) fue un militar argentino que participó en varias guerras de la Argentina.
Hijo de criollos; su padre era José Paz y su madre Tiburcia Haedo. Sus primeros estudios los realizó en la escuela de San Francisco. En 1804 se internó en el Seminario de Loreto, donde cursó filosofía y teología, para luego ingresar en la Universidad de Córdoba, terminando así su formación como bachiller de artes, con orientación a las matemáticas, el latín y la jurisprudencia. Posiblemente estos estudios posibilitan su crecimiento intelectual y tonifican su moral con una capacidad personal sobresaliente en los años por venir.
Luego de la Revolución de Mayo abandona los estudios para ingresar en el Ejército del Norte.

Batallas por la Independencia
El 12 de septiembre de 1811 recibe la orden de marchar al Alto Perú a incorporarse al Ejército del Norte. En 1812 vence junto a las tropas del General Manuel Belgrano en las batallas de Tucumán y Salta, como ayudante del Barón de Holmberg, secretario de Belgrano. Por su arrojado valor obtuvo la insignia de “los defensores de la Patria”, condecoración otorgada por el Segundo Triunvirato, y por ello es ascendido al rango de capitán. Participa en las Batallas de Vilcapugio y Ayohuma, y en el combate de Venta y Media, que son derrotas para el Ejército del Norte. En la última de las mencionadas queda herido e inutilizado de por vida su brazo derecho por unas heridas de bala: Paz hacía un reconocimiento de avanzada y se encontró con una partida de realistas; éstos, al reconocerle como patriota, le tirotearon. Por esta invalidez se hace conocido como “El Manco Paz”. En 1814, El Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, lo nombra al frente de los batallones de Dragones de la Patria, ascendiéndolo a coronel.

Su ingreso a las Guerras Civiles y el motín de Arequito
En 1817, Manuel Belgrano recibe órdenes de acudir a luchar en contra de la guerra civil que viene convulsionando al centralismo porteño a un año de la declaración de la Independencia de 1816. El coronel Paz es enviado a luchar a las órdenes de Juan Bautista Bustos contra Estanislao López, jefe de las fuerzas federales, en la batalla de La Herradura (Córdoba), donde lo vencen.
El Directorio de Pueyrredón ordena a todos los ejércitos nacionales que hagan deponer las armas a los federales. Hacia allí se dirige el Ejército del Norte cuando, el 8 de enero de 1820, en las cercanías de Arequito, el general Juan Bautista Bustos, acompañado por los coroneles Alejandro Heredia y José María Paz, sublevan a una parte importante del ejército que volvía a Buenos Aires. Su esperanza es mantenerse apartados de un conflicto fratricida y enfrentarse nuevamente con los realistas.
Con el Ejército a cuestas vuelven a Córdoba, donde Bustos se apodera del gobierno de la provincia contra la posición de Paz y otros militares que intentaban dirigirse a la frontera norte amenazada por los españoles y sus adeptos. José M. Paz es separado del ejército y enviado por Bustos a Santiago del Estero, donde permanece dos años fuera de la política. En 1823 viaja a la provincia de Catamarca para instruir a doscientos soldados, llamándolos el Batallón de Cazadores, los cuales luego lo acompañarán a la Guerra Argentino-brasileña.

La Guerra contra el Imperio del Brasil
La Argentina debe emprender la llamada Guerra del Brasil o Guerra Argentino-brasileña (conocida usualmente en Brasil como "Guerra da Cisplatina") para liberar a la Provincia Oriental y a las Misiones Orientales, ocupadas por los luso-brasileños desde la derrota de José Artigas, que resultó completa desde la batalla de Tacuarembó, del año de 1820. El conflicto militar de toda la Argentina con el Brasil se inicia abiertamente en 1825 y concluye desventajosamente -pese a las victorias argentinas- en 1828.
Durante este período Paz se destaca con su Regimiento de Cazadores en la Batalla de Ituzaingó, haciendo retroceder a los soldados brasileños y con sólo un centenar de hombres hace rendir al enemigo, con lo que llega al grado de general por disposición del general Carlos María de Alvear. Cuando éste se retira, le hace entrega interinamente del mando del Ejército Nacional y es nombrado Jefe del Estado Mayor General, pasando a ser el primer Comandante General de carrera en la Argentina. Luego de firmada la paz con Brasil, Paz regresa a Buenos Aires, donde el general Juan Lavalle lo nombra su Ministro de Guerra. Pero se dedica a formar un ejército que luchará contra los caudillos del interior. Allí es cuando Paz decide tomar partido por los unitarios.

Sus batallas contra los caudillos en la Guerra Civil
Paz, en sus escritos (especialmente en sus Memorias), relata cómo no puede creer que simples estancieros puedan declarar guerras o hacer batallas contra un gobierno central. No puede creer tampoco que la población los asistiera. Considera que en el Interior y en el Litoral, a diferencia de Buenos Aires que ha sido profundamente influenciada por las ideas emanadas de la Revolución francesa, la estructura colonial está aún vigente, sólo que ahora existen caudillos como Güemes, Bustos, Quiroga, López, Aldao e Ibarra, que pueden hacer frente a un ejército constituido y derrotarlo. Estos caudillos representan -en su opinión- al sistema totalitario.
El General Paz pone en marcha su campaña contra los caudillos y elige invadir primeramente a Córdoba con una fuerza de más de mil hombres, principalmente de caballería y veteranos de la Guerra del Brasil y de la derrota unitaria de Puente de Márquez. Bustos se retira al valle de San Roque (actual Lago San Roque), donde, tras varios días de negociaciones, Paz derrota al gobernador Bustos el 22 de abril de 1829 en la batalla de San Roque. Paz asume como gobernador, pero Bustos pide ayuda a Facundo Quiroga, quien viene en su auxilio. Sin embargo, éstos son derrotados en la Batalla de La Tablada los días 22 y 23 de junio de 1829; las dotes especiales de táctico y estratega de Paz son contrapuestas exitosamente al modo de combate desordenado de los caudillos.
Después de la batalla, sus oficiales fusilaron a varios oficiales prisioneros. Debido a que los jefes federales de la sierra se niegan a reconocerlo, envía partidas militares al mando de Juan Esteban Pedernera y Juan Pascual Pringles a "pacificar" el oeste de la provincia, campaña en que se cometen toda clase de excesos y atropellos. Algunos autores mencionaron hasta dos mil quinientos muertos.
Para financiarse, recurre al mismo método que condena en sus enemigos federales, reuniendo contribuciones forzosas entre los federales. A quienes se niegan a pagar, los manda a formar en el ejército como soldados. Incluso ordena confiscar los bienes de Bustos.
Exceptuando al gobierno de Lamadrid en la provincia de La Rioja, que es en realidad una invasión sin arraigo local, las provincias aliadas de Paz son, en ese momento, Salta, Tucumán y Catamarca.
Facundo Quiroga regresa nuevamente al año siguiente y nuevamente es vencido en la Batalla de Oncativo, lo que le hace decir a Quiroga con admiración que Paz "es un general que gana batallas con figuras de contradanza", en alusión a sus conversiones y flanqueos. Quiroga se exilia en Buenos Aires y Aldao es tomado prisionero.
Enseguida envía ejércitos hacia las provincias de los aliados de Quiroga para evitar que se rehagan y vuelvan al ataque. Así son invadidas Mendoza, San Juan, Catamarca, San Luis y La Rioja. Y unos meses más tarde, también la provincia de Santiago del Estero.
A La Rioja envía a Lamadrid, donde éste saquea los bienes personales de Quiroga, además de perseguir a su familia y cometer otros desmanes. Esto habría de provocar el regreso de Quiroga, que hasta entonces se consideraba definitivamente vencido y no quería seguir la guerra civil.
Una vez cambiados los gobiernos enemigos por otros adictos, convoca a sus representantes, con los que forma la Liga Unitaria o del Interior. Se trata de una alianza ofensiva y defensiva, con forma de confederación inorgánica. No se intenta formar un gobierno central ni reunir un congreso, sino sólo una unión de provincias a través de reuniones de delegados de los gobiernos. Paz logra que la Liga del Interior le otorgue el título de Jefe Supremo Militar, quedando las provincias completamente sometidas a su autoridad militar, civil e incluso judicial. Curiosamente, más tarde el gobernador de Buenos Aires, Rosas, dominaría al país de una forma muy similar, y Paz lo criticaría mucho por ello.

Paz prisionero
En respuesta, los gobiernos del Litoral firman un tratado de alianza, el Pacto Federal, orientado a enfrentar a Paz y sus aliados. Entonces López avanza lentamente hacia la frontera de Córdoba, mientras sus subordinados hacen breves campañas por el norte de la provincia. También el ejército de Rosas avanza hacia Córdoba, al mando de Juan Ramón Balcarce. Quiroga cruza el sur de Córdoba hacia Cuyo, y en Santiago del Estero, Ibarra vuelve a la lucha.
Las avanzadas federales derrotan a la vanguardia de Paz en la batalla de Fraile Muerto, que obliga al gobernador a salir a campaña, con la intención de obligar a López a presentar batalla. Pero sorpresivamente, el 10 de mayo de 1831, mientras elige el terreno en el que combatiría contra Lopez, en unos bosquecillos próximos a la localidad de El Tío (en el noreste de Córdoba), es alcanzado por las fuerzas federales. Estas van ahora al mando de los hermanos Reynafé. Su caballo es boleado por un soldado de apellido Ceballos y cae prisionero.
Entregado prisionero a Estanislao López, Paz es trasladado a Santa Fe, donde comienza una etapa en prisión que se extendería por ocho años; los primeros cuatro en Santa Fe, donde Rosas le pide a López la cabeza de Paz. Pero éste se niega al decir que Quiroga es huésped en Buenos Aires. Durante su cautiverio en la Aduana en Santa Fe, comienza a redactar sus Memorias, allí, el 31 de marzo de 1835 contrae matrimonio con su sobrina Margarita Weild, al quedar ella embarazada mientras le asistía en la prisión.
Tras el asesinato de Quiroga, Paz es entregado a Juan Manuel de Rosas, en una rara conjura política que jamás se entendió entre Rozas y López, pero el caudillo santafesino ya se encuentra muy enfermo para lidiar con intrigas políticas.
Pasa cuatro años más de cautiverio en Luján, provincia de Buenos Aires, hasta que en abril de 1839 se le otorga la "libertad vigilada", bajo juramento de mantenerse apartado de la oposición a Rosas. Pero las represalias que ocurren tras la derrota de la rebelión de Libres del Sur le hacen temer por la vida de su esposa e hijos. Cuando es trasladado a Buenos Aires se fuga a Montevideo el 3 de abril de 1840.
Rosas intenta que Paz no regrese a sus actividades militares, para lo que le ofrece una misión diplomática en el exterior, pero Paz rechaza la propuesta y se dirige a incorporarse al ejército de Juan Lavalle. Lo hace a mediados de julio en Punta Gorda, en la costa entrerriana del Paraná, donde Lavalle reúne sus hombres para la campaña contra Buenos Aires.
Lavalle se niega a recibirlo y, tras una breve batalla indecisa en Sauce Grande, decide embarcarse hacia San Pedro, mientras aconseja a Paz dirigirse a Corrientes para reunir refuerzos para su campaña. Paz viaja a Corrientes (mientras Lavalle cruza el ejército correntino a Buenos Aires sin permiso del gobierno de esa provincia), y se encuentra en San Roque (Corrientes) con el gobernador Pedro Ferré. A los pocos días, a principios de agosto, es nombrado jefe del ejército correntino.

Campañas en tierras correntinas y en Montevideo
Las Memorias de Paz, escritas en su mayor parte poco después de esos sucesos, cuentan que en Corrientes tiene que lidiar con todo tipo de problemas. Entre ellos, la retirada de Lavalle que lo dejan sin hombres útiles ni armas. Entonces rearma un ejército de adolescentes (los escueleros de Paz, como los llamaban en esa provincia) y jóvenes con sólo doscientos fusiles de chispa, algunos barriles de pólvora vieja, y pocos viejos veteranos de sus Cazadores de la guerra contra el Brasil.
Con este incipiente ejército al que llegó disciplinar correctamente, vence al caudillo entrerriano Pascual Echagüe el 28 de noviembre de 1841 en la Batalla de Caaguazú, una de las más brillantes batallas que se ha visto el suelo argentino - aún hoy materia militar de estudio - en donde la inteligencia beligerante del general José M. Paz quedó en evidencia.
Aprovenchando la victoria, en 1842 toma la ciudad de Paraná en persecución de Echagüe, internándose en Entre Ríos y haciéndose nombrar gobernador de esa provincia. Pero el gobernador Ferré, indignado por ese nombramiento, le retira su apoyo y lo obliga al exilio en Montevideo, adonde se reúne con su familia ese mismo año.
Al llegar a Montevideo la noticia de la batalla de Arroyo Grande, del 12 de diciembre de 1842, se le nombra Jefe del llamado Ejército de Reserva (colorado), para poder hacer frente al ejército uruguayo de Manuel Oribe. Éste, apoyado por Rosas, sitia a los colorados en Montevideo, con lo que se inicia la Guerra Grande en el Uruguay. Organizando eficazmente la defensa, Paz permanece al frente de ese cuerpo hasta junio de 1844, en que pasa a Brasil. Desde allí comienza el regreso a Corrientes, donde el nuevo gobernador, Joaquín Madariaga, lo nombra Director de la Guerra contra Rosas. Su plan principal era atacar Entre Ríos, que estaba desguarnecido por la ausencia del gobernador Justo José de Urquiza, y si era posible llegar a Buenos Aires.
Paz asume el comando del que llama “Cuarto Ejército” y aprovenchando que Rosas se niega a reconocer la independencia de Paraguay, firma con su presidente Carlos Antonio López el Tratado de Alianza y Convención Adicional del 11 de noviembre de 1845. Éste envía en su ayuda un pequeño ejército al mando del hijo del presidente, el después famoso Francisco Solano López, pero que nunca se llegab a unir a las fuerzas correntinas.
En los primeros días de 1846, Urquiza y Servando Gómez invaden Corrientes. Paz decide repetir la hazaña de Caaguazú, retirándose lentamente para atraerlo a una trampa perfecta en un rincón en los esteros de Ubajay. Pero en el camino abandona más de la mitad de la provincia al invasor, lo que es muy criticado. El jefe de la retaguardia en la retirada, Juan Madariaga, se arriesga en la batalla de Laguna Limpia, donde es derrotado completamente y tomado prisionero. Urquiza sigue avanzando hasta enfrentar la posición defensiva de Paz. Pero, sabiendo por la correspondencia que había tomado en la batalla cuáles son sus intenciones, retrocede hasta Entre Ríos, sin que Paz lo persiga. Enseguida entra en negociaciones con el gobernador correntino por medio de su hermano, negociaciones interrumpidas por Paz, que se niega a pactar nada.
Los amigos de Paz en la legislatura deponen a Madariaga, pero el gobernador contraataca rápidamente y obliga al general a huir a Paraguay, en marzo de 1846. Sin Paz, de por medio, Urquiza y Madariaga firman el Tratado de Alcaraz, pero éste fue rechazado por Rosas. Urquiza ataca entonces y derrota a los Madariaga a fines de 1847.

Los últimos tiempos
Mientras tanto, Paz termina asilado en Río de Janeiro. Sumergido en la pobreza, se establece en el campo como granjero. Allí muere su esposa el 5 de junio de 1848, durante el alumbramiento de su noveno hijo, dejando a Paz con la tarea de crianza de los niños, de los cuales seis mueren a temprana edad. En sus ratos libres completa sus Memorias, que había comenzado en sus años de prisión.
Con el tiempo ha llegado a la convicción de que Rosas terminará derrotado por sus propios subalternos.
Cuando se entera del pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, viaja a Montevideo, donde espera el desenlace favorable. Ya en Buenos Aires, Urquiza se queja por su presencia pero a pesar de todo lo designa brigadier general de la Confederación Argentina.
Después de la revolución unitaria del 11 de septiembre de 1852, el gobernador Manuel Guillermo Pinto le encarga una misión en las provincias del Interior. Debía atraerlas hacia la causa de Buenos Aires, para formar un Congreso Constituyente dominado por los liberales y (sobre todo) por la provincia de Buenos Aires, ya que la provincia rebelde se niega a participar de la sanción de la Constitución Argentina de 1853. Los gobernadores las provincias de Santa Fe y Córdoba le prohibieron entrar en ellas, por lo que el gobernador Valentín Alsina lo pone al mando de un ejército para invadirlas, con sede en San Nicolás de los Arroyos.
El sitio de Buenos Aires por parte de Hilario Lagos lo obliga a regresar a la capital, donde es nombrado ministro de guerra. Organiza exitosamente la resistencia porteña, que hará fracasar el sitio y prolongará la separación de Buenos Aires con el resto del país por casi una década.
A pesar de su desacuerdo con el Congreso Constituyente de la provincia de Buenos Aires, es elegido miembro del mismo, al que no asistió asiduamente por algunos problemas de salud. El 11 de abril de 1854, día de la aprobación y firma de la Constitución provincial, está presente para expresar contra Bartolomé Mitre su desacuerdo por el documento que proclama a Buenos Aires "Estado Independiente".
Ese es su último acto político: meses más tarde muere y es enterrado con los más altos honores de la Patria.
Durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento, sus restos son llevados a la Catedral de Córdoba junto a los repatriados restos de su esposa.
Gran parte del límite seco entre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires lleva en su homenaje el nombre de Avenida General Paz.
 

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