La Rioja, Sabado 19 de Agosto de 2017

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El Chacho

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Ángel Vicente Peñaloza, apodado El Chacho, (Guaja, provincia de La Rioja, 1796 – Olta, 12 de noviembre de 1863) fue un caudillo y militar federal argentino, uno de los últimos líderes de esa corriente alzados en armas contra el centralismo de Buenos Aires.

Lugarteniente de Quiroga
Nació en 1798 en un pueblito de la Sierra de los Llanos, al sur de La Rioja, de familia influyente en la zona. Fue educado por un tío sacerdote, que le puso de apodo "Chacho", apócope de muchacho. Desde joven fue oficial de milicias, bajo el mando de Juan Facundo Quiroga. En 1826 peleó con el grado de capitán en la batalla de El Tala, en la que fue seriamente herido por el ejército de Gregorio Aráoz de La Madrid.
Más tarde peleó en Rincón de Valladares, La Tablada y Oncativo. Después de esta derrota participó en la reconquista de La Rioja para el partido federal, y se destacó en La Ciudadela, definitiva derrota unitaria, en que capturó un cañón con su lazo y lo arrastró hasta sus filas.
Desde su regreso a La Rioja fue comandante del departamento de Los Llanos. Tras el asesinato de Quiroga, en 1836, ayudó al gobernador de San Juan, Martín Yanzón, a invadir La Rioja. Fueron severamente derrotados.

La guerra contra Rosas
Fue perdonado por el nuevo gobernador, Brizuela, y lo acompañó en su unión a la Coalición del Norte contra el porteño Juan Manuel de Rosas, en defensa de la autonomía de su provincia. Los unitarios le pusieron de segundo jefe al coronel Joaquín Baltar, que resultó una pésima influencia. Apoyó la campaña de Juan Lavalle en su provincia, y acompañó a La Madrid (su antiguo enemigo) en su campaña contra San Juan y Mendoza. En la batalla de Rodeo del Medio, la influencia de Baltar le impidió combatir, y fue una de las causas de la derrota. Tuvo que huir a Chile en 1841.
Al año siguiente regresó como parte de una absurda campaña organizada por los exiliados unitarios desde Chile. Iba acompañado por Yanzón y el coronel Santos de León. Sólo el prestigio de Peñaloza les permitió obtener algunos éxitos, pero éstos provocaron la reacción del gobernador de San Juan, Nazario Benavídez, que lo persiguió hasta Tucumán y lo derrotó. De todas formas, Peñaloza regresó a Los Llanos, donde fue derrotado por segunda vez por Benavídez, en Ilisca; y por segunda vez huyó a Chile.
Dirigió una segunda invasión en 1845 y derrotó al gobernador riojano. Pero, entendiendo que su causa no tenía sentido, pidió y obtuvo protección de Benavídez. Éste lo envió en 1848 a deponer al gobernador riojano, y nombrar en su lugar a Manuel Vicente Bustos, que lo nombró comandante de Los Llanos.

Caudillo de las Provincias Cuyanas
Desde 1854 fue comandante de armas de la provincia, y al año siguiente fue ascendido a general. Era muy prestigioso entre los gauchos humildes de La Rioja y las provincias vecinas, y se comportaba como uno más de ellos, salvo cuando mandaba en el ejército. Ellos lo consideraban, también, su protector, su abogado, el solucionador de los problemas de cada uno de ellos.
En octubre de 1858 fue asesinado Nazario Benavídez por los partidarios del gobernador Gómez, por lo que el Chacho dirigió una campaña con la que hizo triunfar la intervención federal. Desde entonces, el presidente Justo José de Urquiza lo tuvo como su hombre de confianza en la zona.
En enero de 1860 derrocó al gobernador Bustos, que se acercaba cada vez más a los unitarios de Buenos Aires, y nombró en su lugar al coronel Ramón Ángel. Poco después fue interventor federal en su provincia.
Después de Pavón, en 1861, el interior del país quedó abierto a los unitarios. Hacia Cuyo salió el coronel Rivas y hacia Catamarca el general Wenceslao Paunero, que enviaron varias expediciones contra La Rioja. Mientras tanto, Peñaloza ofreció mediar en la guerra entre los federales y unitarios del norte del país. Pero a pedido del gobernador tucumano Gutiérrez, se unió a éste; pero fueron derrotados por los unitarios. Regresó a La Rioja, perseguido por sus enemigos, que los derrotaron en varias batallas; los oficiales prisioneros eran fusilados, mientras muchos soldados eran torturados y degollados. La represión fue increíblemente feroz, y eso mismo dio fuerzas a los federales para seguir luchando. El mismo Domingo Faustino Sarmiento aconsejaba:

"Si Sandes mata gente, cállense la boca. Son animales bípedos de tan perversa condición, que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor."

Pese a su superioridad numérica y de movimientos, Peñaloza fue derrotado repetidas veces. Tras sitiar la ciudad de San Luis, logró firmar un tratado de paz a principios de 1862, en que se le ofrecían garantías. Cuando llegó la hora de cambiar prisioneros, se dice que Peñaloza entregó los suyos, pero no recibió ni uno: todos sus hombres habían sido fusilados.

La derrota
Los militares que debían hacer cumplir el tratado continuaron con la persecución a los aliados de Peñaloza, por lo que ésta volvió a alzarse en armas en marzo de 1863. Logró varios éxitos en San Luis, Córdoba, Catamarca y Mendoza, e incluso depuso al gobernador riojano.
A fines de marzo, el Chacho escribió al presidente Bartolomé Mitre:

"los gobernadores de estos pueblos, convertidos en verdugos de las provincias... destierran y mandan matar sin forma de juicio a ciudadanos respetables sin más crimen que haber pertenecido al partido federal... Los hombres todos, no teniendo ya más que perder que sus existencia, quieren sacrificarla más bien en el campo de batalla."

El llamado a la lucha se hacía en nombre de Urquiza, con cuya ayuda contaban, pero éste no apoyó en nada la revuelta, e incluso los condenó en público. El gobernador Sarmiento, designado Director de la Guerra contra Peñaloza por el Ministro de Guerra Gelly y Obes, escribió al presidente:

"no economice sangre de gauchos, es lo único que tienen de humano."
Mitre respondió:

"quiero hacer en La Rioja una guerra de policía. Declarando ladrones a los montoneros, sin hacerles el honor de partidarios políticos, lo que hay que hacer es muy sencillo."

Quedaban fuera de la ley, y por consiguiente se los podía matar en cuanto se los capturaba. Peor que en la época de Rosas. Sus oficiales volvieron a masacrar a los vencidos.
El 20 de mayo de 1863 las tropas del Chacho se enfrentarán en Loma Blanca (en Los Llanos) con un contingente de 600 hombres de infantería y caballería de las fuerzas de Paunero, mandadas por Ambrosio Sandes, Pablo Irrazábal, Ignacio Segovia y Julio Campos.
Peñaloza tuvo una corta victoria, cuando el 10 de junio se produce en Córdoba una revolución encabezada por el partido federal (apodado "ruso") y los liberales moderados que depone al gobernador Justiniano Posse, impuesto el año anterior por la fuerza de las armas del ejército nacional mandado por Paunero. Convocado por los revolucionarios, el Chacho entra a la ciudad de Córdoba el 14 de junio. Mientras tanto, Paunero reúne un ejército de 3.000 hombres y se dirige a la ciudad. Peñaloza quiso evitar sufrimientos a la ciudad y salió al campo a enfrentar a Paunero. Éste lo derrotó el 28 de junio en Las Playas, sufriendo los montoneros 300 muertos, un número no precisado de heridos y 720 prisioneros. Casi todos los oficiales prisioneros fueron fusilados.
El caudillo huyó a los Llanos, de allí al norte, a la Cordillera, y por el oeste de la provincia, nuevamente a Los Llanos. De esa forma destruyó los caballos de los enemigos y los desorientó por completo. Luego invadió la provincia de San Juan, y estuvo a punto de tomar la capital. Pero el coronel Pablo Irrazábal lo derrotó en Los Gigantes.

El crimen
El vencedor lo persiguió hasta Los Llanos, y Peñaloza se rindió al comandante Vera, entregándole su puñal, la última arma que le quedaba. Pero Irrazábal llegó una hora más tarde y lo asesinó con su lanza, e hizo que sus soldados lo acribillaran a balazos. Era el 12 de noviembre de 1863.
Su cabeza fue cortada y clavada en la punta de un poste en la plaza de Olta. Una de sus orejas presidió por mucho las reuniones de la clase "civilizada" de San Juan. Su esposa fue obligada a barrer la plaza mayor de la ciudad San Juan, atada con cadenas.

Al conocer la noticia, Sarmiento exclamó:
"No se que pensaran de la ejecución del Chacho, yo inspirado en los hombres pacíficos y honrados he aplaudido la medida precisamente por su forma, sin cortarle la cabeza al inveterado picaro, las chusmas no se habrian aquietado en seis meses".

Muy poco tiempo más tarde, sin embargo, ya tenía un defensor: el poeta José Hernández publicó una Vida del Chacho. Poco después, el poeta Olegario Víctor Andrade escribía en su homenaje uno de sus poemas más bellos. Dos o tres décadas más tarde, la propia provincia de La Rioja lo convertía oficialmente en un héroe. En su facón, que se exhibe en el Museo de Historia de La Rioja, puede leerse la inscripción que definía su carácter: "Naides, más que naides, y menos que naides".
 

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