La Rioja, Sabado 19 de Agosto de 2017

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Hugo Wast

Descripción:

Clasificación: Calle
Sentido: Sur-Norte; Norte-Sur
Límites: Sur, -Norte: Calle Agüero Vera
Barrio: Islas Malvinas
Legislación:

Reseña:

Gustavo Adolfo Martínez Zuviría, también conocido por su nom-de-plume Hugo Wast, (Córdoba, 23 de octubre de 1883 – Buenos Aires, 28 de marzo de 1962) fue un escritor y político argentino. Simpatizante del franquismo español, alcanzó notoriedad por sus novelas, algunas de las cuales fueron adaptadas al cine, por su acción pública como diputado y ministro de instrucción pública, cargo desde el cual implantó la enseñanza ordinaria aunque no obligatoria de la religión católica en todas las escuelas del país, y por su ferviente militancia religiosa y nacionalista, así como por su antisemitismo. Fue Ministro de Educación en 1944 durante la presidencia de facto del general Pedro Pablo Ramírez.

Juventud y formación
Martínez Zuviría nació y estudió en la ciudad de Córdoba, en el seno de una rica familia de tradición militar. Recibió instrucción primaria en el colegio de Santo Tomás, bajo la dirección de la orden de los escolapios; desde su infancia mostró vocación por la literatura, y publicó alguna obra juvenil en los periódicos locales, en la que mostró ya predilección por los temas del heroísmo romántico que desarrollaría más tarde.
En 1902 comenzó estudios de derecho en la Universidad de Santa Fe; mientras tanto, continuó su producción literaria, acometiendo durante las vacaciones su primera novela, Alegre, que vería la luz tres años más tarde. Escribió también teatro, poesía y ensayo, defendiendo los dogmas católicos ante las teorías científicas de la evolución.
Publicaría un volumen de versos y uno de cuentos aún antes de recibirse de abogado en 1907; su tesis de doctorado en derecho, titulada "¿Adónde nos lleva nuestro panteísmo de Estado?" sería rechazada sin embargo ese mismo año, por su falta de rigor académico y su redacción "panfletaria e insolente". Comenzó a escribir artículos para el periódico conservador "La Nación" y la revista satírica "Caras y Caretas" mientras emprendía la redacción de una segunda tesis, más modesta, titulada "El salario", con la que se doctoraría a fines de ese año. Mientras tanto, publicó en Madrid otro volumen de versos y su segunda novela.

Actividad académica y política
En 1908 contrajo matrimonio con Matilde de Iriondo, y viajó a Europa para su luna de miel; fue recibido por el papa Pío X en audiencia pública para recibir la bendición a su matrimonio. A su regreso obtuvo plaza de profesor en el Colegio Nacional de Santa Fe; un año más tarde, enseñaría la asignatura de sociología, de reciente creación, en la Universidad de Santa Fe.
Fascinado por la mitología escandinava y la teoría racial de la superioridad aria, escogió para su tercera novela, Flor de Durazno el seudónimo de Hugo Wast, de neta resonancia germánica, y anagramático de su nombre de pila en la grafía sueca, "Ghustawo". La novela, un intenso melodrama al gusto de la época, gozaría de gran aceptación; su adaptación al cine por Francisco Defilippis Novoa en 1917 sería también un éxito de taquilla, y marcaría el debut de Carlos Gardel en el cine.
Durante la década de 1910 continuó una intensa actividad literaria, mientras se iniciaba en política en el Partido Demócrata Progresista, fundado por Mariano Demaría. El PDP, una inestable alianza entre tendencias socialdemócratas y conservadores, motivada por la oposición al liderazgo personalista de la Unión Cívica Radical de Hipólito Irigoyen, lo postuló a la vicegobernación de la provincia de Santa Fe, en binomio con Lisandro de la Torre, aunque fueron derrotados. Dirigiría el periódico "Nueva Época" de Santa Fe brevemente, hasta ser elegido diputado nacional en 1916; contra la política radical publicaría "Un país mal administrado" ese mismo año, además de la novela "La casa de los cuervos".
En 1918 publicó Valle Negro, novela que la Academia Española distinguió con su Premio Quinquenal, Diploma de Honor y Medalla de Oro. Miguel de Unamuno diría de la misma:

He leído Valle Negro con el ánimo suspenso y volveré a leerlo, porque el interés que me despertó es el de un dramático juego de pasiones. Esta novela puede leerse en cualquier país y podrá leerse en cualquier tiempo, cuando se sigan leyendo Carmen y Colomba, de Merimée. Su precisión y condensación la librarán de modas del gusto. Correspondiendo a esta manera de sentir y de entender la novela, es el estilo adecuado. Limpio, claro, preciso, sin contorsiones metafóricas, sin retorcimientos estilísticos a que ahora hay alguien tan aficionado.

Desavenencias con la Democracia Progresista
Combinó la literatura y la política durante su legislatura; al no lograr la reelección, regresó a Santa Fe a ocupar su cátedra en la Universidad en 1920. Poco más tarde renunciaría, junto con José Félix Uriburu, Julio Argentino Roca (hijo) y otros al PDP, tras hacerse evidente el predominio de los socialdemócratas en éste. "La Nación" publicó el virulento manifiesto en el que explicaba su renuncia a la vida política. Durante esa década se dedicó casi exclusivamente a la literatura, publicando varias novelas: Los ojos vendados, El Vengador, La que no perdonó, Pata de Zorra, Una estrella en la ventana, Desierto de Piedra (Gran Premio Nacional de Literatura y que sería traducida entre otros idiomas al inglés, francés y alemán) y varias obras de opinión en los Cursos de Cultura Católica. En 1927 abandonaría la Argentina para viajar con su esposa e hijos durante un quinquenio por Europa y Estados Unidos; en 1928, durante su estancia en España, trabó relación con la Real Academia Española y fue designado miembro correspondiente de la misma.

La Década Infame
No volvería a la Argentina hasta después del golpe de 1930, en que su compañero de militancia Uriburu depuso a Yrigoyen, abriendo así la llamada Década Infame. Fue nombrado director de la Biblioteca Nacional por la dictadura militar, cargo que desempeñaría durante casi un cuarto de siglo: al asumir la Biblioteca disponía de 270.000 volúmenes, cifra que había ascendido a 700.000 al renunciar Martínez Zuviría durante el gobierno de Juan Domingo Perón. Fue uno de los miembros fundadores de la recién creada Academia Argentina de Letras. Durante esos años escribiría los dos volúmenes hagiográficos de "Don Bosco y su tiempo", retitulados años más tarde "Las aventuras de Don Bosco". En 1933 presidió la comisión de prensa del XXXII Congreso Eucarístico Internacional, y en 1935 recibió la Orden de San Gregorio Magno, otorgada por Pío XI, como premio al valor religioso de su obra literaria.
Ese mismo año publicaría El Kahal, novela en que sostiene que la vida privada de los judíos está regulada en todos sus detalles por un tribunal, el Kahal, que dirige todas sus actividades e impone sanciones a quienes no obedecen sus mandatos secretos de infiltración, enriquecimiento y control de las organizaciones gentiles. Centrado en la Argentina, el ensayo de Martínez Zuviría postulaba sin embargo un Kahal supremo, con sede en Nueva York, que dirigiría la conjura judía mundial. La obra fue un éxito entre los crecientes círculos antisemitas y nacionalistas del país; aunque la comunidad judía local recurrió a medios legales para proteger su reputación, la obra gozó de numerosas reimpresiones y aumentó la popularidad de Martínez Zuviría.
Martínez Zuviría colaboró en esa época con la revista "Clarinada", un órgano subtitulado "Revista anticomunista y antijudía" publicado por Carlos M. Silveyra, que difundía informaciones sobre una supuesta conjura mundial judeocomunista; la publicación de la revista mereció elogios en "Der Stürmer", el órgano de prensa del nazismo en Alemania. Firmó también en 1937 un manifiesto de apoyo a la insurrección de Francisco Franco en España, simpatizando con la "reivindicación heroica de la nacionalidad, la religión y las glorias tradicionales de su patria". La novela "666", publicada unos años más tarde, recuperaría estos temas desde una perspectiva apocalíptica, equiparando la expansión del comunismo y el judaísmo internacional con el advenimiento del Anticristo.

Ministerio
Su buena relación con el poder político se materializó en su nombramiento en 1937 como presidente de la Comisión Nacional de Cultura por el presidente Agustín Pedro Justo. En 1941, tras la intervención de la provincia de Catamarca por el gobierno federal, fue designado interventor de la misma. En 1943, en el convulsionado clima político tras el derrocamiento de Ramón Castillo, el presidente de facto Pedro Pablo Ramírez lo designó Ministro de Justicia e Instrucción Pública. Una de sus primeras medidas fue instaurar la enseñanza optativa de la religión católica en todas las escuelas del país.
El prestigio de Martínez Zuviría estaba en ese momento en su apogeo; de esta época data la mayoría de sus colaboraciones con el cine, adaptaciones de sus novelas "La que no perdonó" (1938), "La casa de los cuervos"(1941), "El camino de las llamas" (1942) y "Valle negro" (1943). En 1944, sin embargo, recibió un duro golpe cuando el cónsul alemán en Argentina fue descubierto realizando tareas de espionaje para el Eje; la publicación nacionalista "El Pampero" reveló la intervención de Martínez Zuviría en el asunto, y debió renunciar a su cargo; poco más tarde renunciaría también el presidente Ramírez. Ante la evidencia de la derrota del Eje en la II Guerra Mundial, Clarinada dejó de publicarse en 1945.

Últimos años
Martínez Zuviría vio con buenos ojos el gobierno de Juan Domingo Perón, nacionalista como él, si bien de raigambre popular, mientras mantuvo buenas relaciones con la Iglesia Católica. Sin embargo, las medidas favorables a los judíos del gobierno de éste —que permitió por primera vez a los conscriptos judíos celebrar sus fiestas religiosas, reconoció la legitimidad del Estado de Israel y estableció relaciones diplomáticas con éste, entre otras medidas— lo llevaron a alejarse, esta vez definitivamente, de la acción política.
La acomodada situación de Martínez Zuviría, que a la fortuna familiar había sumado los abultados ingresos por derechos de autor de su obra literara, le permitió dedicarse a escribir exclusivamente en estos últimos años, sobre todo en temas religiosos. En 1954 recibió la condecoración de la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio del gobierno franquista. Hacia fines de esa década su salud comenzó a declinar visiblemente a causa de una infección pulmonar. El 28 de marzo de 1962 falleció en su casa, y fue enterrado en el panteón familiar del cementerio de la Recoleta. Al morir se habían vendido más de tres millones de ejemplares de sus libros.

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