La Rioja, Domingo 18 de Agosto de 2019

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Presidente Carlos Saúl Menem

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Carlos Saúl Menem
Presidente de la República

Duración del mandato
08 de Julio de 1989 - 10 de Diciembre de 1999

Nacimiento
Anillaco, departamento de Castro Barros, provincia de La Rioja , 02 de Julio de 1930

Partido político
PJ

Profesión
Abogado

Hijo de inmigrantes sirios, Saúl Menem y Mohibe Akil, de religión musulmán sunní (si bien él fue bautizado en la fe católica) llegados a Argentina en la segunda década del siglo XX, realizó los estudios primarios y secundarios en escuelas públicas de La Rioja. En 1951, durante un viaje a la capital del equipo de baloncesto universitario donde jugaba, conoció al presidente Juan Domingo Perón y a su esposa, Eva Duarte de Perón, experiencia que iba a determinar su militancia en el Movimiento Justicialista fundado y acaudillado por el general.

Un militante curtido en los avatares del peronismo
En 1955 se licenció en Derecho por la Universidad de Córdoba y comenzó a ejercer la abogacía en su provincia natal como defensor de oficio de los presos políticos encarcelados a raíz del golpe de Estado militar de aquel año. En 1957, al cabo de un período de cárcel de varios meses por apoyar una intentona golpista contra el Gobierno militar de Pedro Eugenio Aramburu, fundó la Juventud Peronista de La Rioja y pasó a asistir legalmente a la Confederación General del Trabajo (CGT), poderosa central sindical justicialista, actividad que ejerció hasta 1970.
Obligado a afiliarse al Partido Unión Popular (PUP) al hallarse el peronismo en su articulación partidista fuera de la ley, en 1962 resultó elegido diputado provincial por el departamento de Castro Barros, aunque el golpe de Estado militar que derrocó el Gobierno radical de Arturo Frondizi le imposibilitó desempeñar el cargo. En 1963 fue elegido presidente en La Rioja del Partido Justicialista (PJ), que entonces cumplía su octavo año de proscripción, pero en 1964, durante la presidencia del radical Arturo Umberto Illia, su carrera sufrió un nuevo revés cuando hubo de retirar su precandidatura a la jefatura del Gobierno riojano en la lista del PUP, en acatamiento del llamamiento hecho por Perón desde su exilio en Madrid a los justicialistas para que se abstuvieran de participar en elecciones tras las siglas de otros partidos.
Aquel mismo año Menem realizó dos viajes al exterior, uno a la tierra de sus antepasados, Siria, donde conoció a su futura esposa, Zulema Fátima Yoma, una paisana riojana perteneciente a una influyente familia de emigrados sirios y que nunca renunció a la religión musulmana, y otro a la capital de España, donde se entrevistó con Perón en calidad de apoderado de la Juventud Peronista riojana. En las elecciones democráticas del 11 de marzo de 1973, primeras con participación directa del peronismo desde 1955 bajo la fórmula del Frente Justicialista de Liberación (Frejuli), Menem ganó con el 67% de los sufragios el mandato de gobernador provincial de La Rioja, una de las provincias más atrasadas y menos pobladas del país.
El 24 de marzo de 1976, día del golpe de las Fuerzas Armadas que derrocó a la presidenta María Estela (Isabel) Martínez de Perón, viuda y sucesora del líder histórico desde julio de 1974, Menem fue desposeído de su cargo y puesto bajo arresto. Permaneció prisionero en un buque anclado en Buenos Aires, y luego en el penal militar de Magdalena, hasta 1978, cuando fue puesto en libertad y autorizado a ejercer la profesión legal en su bufete riojano, que compartía con sus hermanos Eduardo y Munir. El 17 de febrero de 1981 vio levantado el régimen de libertad vigilada. Con la caída de la tercera junta castrense y el inicio de la restauración democrática dos años después, Menem se subió con ímpetu al proscenio político, de manera que el 30 de octubre de 1983 volvió a ser elegido gobernador de La Rioja con el 54% de los votos.
A mediados de los años ochenta el Movimiento Justicialista estaba dividido en dos grandes fracciones: por un lado, el sector oficialista, controlado por dirigentes tradicionalistas y sindicales apegados al legado del líder desaparecido y a su viuda; cuestionándoles, alzaban su voz los llamados renovadores, cuadros directivos más jóvenes entre los que Menem ocupó un lugar señero.
Cuando en diciembre de 1985 el ortodoxo Herminio Iglesias, candidato derrotado a gobernador bonaerense en 1983 y ubicado en el ala más derechista del justicialismo, fue elegido secretario general del partido, Menem, Antonio Francisco Cafiero (futuro gobernador de Buenos Aires), Carlos Grosso, Vicente Leonides Saadi y otros renovadores se organizaron en una dirección paralela y meses después boicotearon el congreso nacional en el que Isabel Perón fue elegida presidenta honoraria del partido. En aquella época, las pugnas internas tenían paralizado a la sección partidista del Movimiento Justicialista, hasta el punto que la oposición política al Gobierno de la Unión Cívica Radical (UCR) de Raúl Alfonsín la asumió una fuerza no parlamentaria, la CGT comandada por Saúl Ubaldini.
A raíz de los discretos resultados obtenidos por el peronismo ortodoxo en las elecciones legislativas de septiembre de 1987, el senador Vicente Saadi renunció como presidente de esa fracción. Ello abrió el camino a la unidad de partido y a la elección de Menem, quien justamente ese mes obtuvo la reelección en La Rioja con el 63% de los votos, y de Cafiero como presidente y vicepresidente del Consejo Nacional del PJ, gracias al prestigio cosechado por ambos con sus éxitos electorales en sus respectivas circunscripciones, que salvaguardaban las esperanzas de una victoria sobre los radicales a nivel federal.
Con su personalidad arrolladora, pródiga en gestos optimistas y componedores, Menem suscitó entusiasmos por doquier entre la militancia peronista. Así, el 9 de julio de 1988 se impuso a Cafiero con el 53,5% de los votos en las elecciones primarias del justicialismo para la nominación presidencial en las elecciones del año siguiente. Estas fueron las primeras internas del movimiento que se realizaron con el voto directo de los afiliados.

Llegada a la Presidencia y aplicación de un programa neoliberal
El 14 de mayo de 1989, como candidato del Frente Justicialista Popular (Frejupo), una coalición del PJ con diversos partidos menores, Menem se impuso al postulante del oficialismo radical, Eduardo César Angeloz, con el 49,3% de los votos. En los comicios a la Cámara de Diputados, el Frejupo se hizo con el 47% de los votos y 128 escaños. El 8 de julio, con cinco meses de antelación, ya que el traspaso de poderes estaba previsto para el 10 de diciembre, y previa cesión del Gobierno riojano a Alberto Gregorio Cavero, Menem sucedió en la jefatura del Estado a Alfonsín, que deseaba evitar tan prolongada provisionalidad dada la delicada situación económica y social.
En efecto, Menem heredó una economía en rápida descomposición, con una previsión de recesión acumulada al final del año del 6% del PIB, una hiperinflación cercana al 5.000% y deuda exterior totalizando los 63.000 millones de dólares. Con celeridad y poniéndose en las antípodas de los mensajes populistas prodigados en su campaña electoral, el flamante mandatario aplicó un extraordinariamente duro programa de ajuste, cuyo carácter ultraliberal provocó divisiones en la CGT y acusaciones de traición de muchos peronistas por considerarlo contrario al sentido social del Movimiento Justicialista.
Los dos primeros años del Gobierno de Menem fueron singularmente angustiosos, ya que el programa exhaustivo de desregulaciones, privatización general de las empresas públicas, reducción del gasto público y bloqueo de los salarios, que se situaron por debajo del índice de precios, multiplicados varias veces en el caso de algunos servicios públicos, tardaba en generar la deseada estabilidad, y, entre tanto, tenía efectos devastadores sobre el poder adquisitivo de las clases medias y bajas.
Por lo que se refiere a la campaña de privatizaciones, calificada de "salvaje" por quienes se oponían a la venta de los activos del Estado a compañías foráneas, fue de tal magnitud que al final de la presidencia de Menem virtualmente no quedaba ninguna empresa en manos del Estado. La petrolera YPF (vendida a la española Repsol), la operadora de telecomunicaciones Entel (repartida entre France Telecom, Telecom Italia y Telefónica de España), Aerolíneas Argentinas (de cuyo capital la española Iberia pasó a ser el mayor propietario), el Sistema Eléctrico del Gran Buenos Aires (SEGBA, repartida entre la española Endesa, la francesa EDEF y el grupo chileno Enersis), Obras Sanitarias, Ferrocarriles Argentinos, Gas del Estado, Vialidad Nacional y Líneas Marítimas del Estado eran los nombres más emblemáticos de una lista de más de 400 empresas públicas que fueron privatizadas.
Ni siquiera el sistema de seguridad social se libró de la vorágine desreguladora. Con el argumento de que había que sanear sus finanzas y librarlo de la ineficiencia y el despilfarro, el Gobierno de Menem sometió a profundas reformas a los regímenes de jubilaciones y pensiones y a los seguros contra riesgos laborales, enfermedad y desempleo, en un sentido acusadamente regresivo. Recortando las coberturas legales y, trasladando la gestión de los servicios a manos privadas, Menem, siempre en aras de la modernización, la eficacia y la extinción de los abusos del asistencialismo, propició el desmantelamiento del sistema de previsión social y liquidó lo que quedaba del Estado-providencia argentino fundado, precisamente, por el general Perón cuatro décadas atrás. La retirada general del Estado afectó de lleno también al sistema educativo.
Por otra parte, Menem acometió una serie de medidas dirigidas a resolver definitivamente la cuestión militar, en la línea avanzada por el Gobierno de Alfonsín con sus leyes de protección jurídica de los miembros del estamento implicados en la violación de los Derechos Humanos. Las principales actuaciones de Menem en este terreno fueron los polémicos indultos del 5 octubre de 1989 y el 30 de diciembre de 1990, que excarcelaron a los máximos culpables de la represión de la dictadura que permanecían en prisión, entre ellos los ex presidentes Jorge Rafael Videla, Roberto Eduardo Viola y Leopoldo Fortunato Galtieri, así como Mario Eduardo Firmenich, máximo jefe de los Montoneros.
La segunda medida de gracia se aplicó precisamente a las tres semanas de frustrarse la última asonada de militares carapintadas en Buenos Aires, liderados por el coronel ultraderechista Mohamed Alí Seineldín, contumaz reincidencia en este tipo de desafíos al poder civil que obligó a Menem a declarar, por primera y última vez en su largo mandato, el estado de sitio, con una duración de 48 horas. Los indultos de Menem fueron valorados como afrentosos por los familiares de las víctimas y por el general de los comentaristas como una muestra de la debilidad del Gobierno ante las presiones castrenses. Pero el presidente, hostil a toda investigación tendente a depurar responsabilidades por la guerra sucia, justificó sus decisiones en aras de la superación del pasado.
En ese sentido, el reemplazo de mandos y la abolición por decreto, el 31 de agosto de 1994, del Servicio Militar Obligatorio, que había durado casi un siglo, favorecieron la profesionalización y la despolitización de las Fuerzas Armadas argentinas, finalizando la tradición, sistemática entre 1955 y 1983, de entrometerse en la vida política nacional. En lo sucesivo, los uniformados iban a atenerse estrictamente a su función constitucional, sin importar el grado de crispación social o política reinante fuera de los cuarteles.
En 1991 la tensión social comenzó a aminorar a la par que el programa de choque, capitaneado por el ministro de Economía (desde el 31 de enero) Domingo Felipe Cavallo, empezaba a dar sus frutos macroeconómicos. Luego de fijar la cotización del austral en razón de 10.000 unidades por dólar, el año se cerró con un crecimiento positivo del PIB, del 4,5%, y una inflación de sólo el 173%. El 1 de enero de 1992 entró en vigor la última previsión del Plan de Convertibilidad lanzado en abril del año anterior. Tildado en algunos medios de "monetarista heterodoxo", el Plan recuperaba el peso como unidad de cuenta nacional sobre la paridad exacta (muy sobrevalorada, de hecho) y fija con el dólar, y prohibía toda emisión de moneda sin el debido respaldo en las reservas internacionales de divisas.
Beneficiada la actividad económica por la caída de los tipos de interés a unos valores racionales, la tendencia al crecimiento se sostuvo en los años siguientes salvo en 1995, cuando sobrevino una repentina recesión del -4,4%, en parte debida a la crisis financiera y monetaria sufrida por México el año anterior. Entre 1990 y 1999 la economía nacional creció un promedio del 3,3% anual, un resultado realzado por la fortísima tasa registrada en 1997, el 8,4%. Al comportamiento positivo del PIB se añadió una evolución inflacionaria espectacular; en 1996 esta variable se contrajo nada menos que hasta el 0,1% anual, el índice más bajo del mundo aquel año, y a lo largo de la década se registraron trimestres con inflación negativa o deflación.

Escándalos familiares y el lado turbio del poder
A la tolerancia por la población de la terapia de choque y la paulatina desasistencia del Estado no ayudó la sucesión de escándalos económicos aderezados con turbulentos episodios de intrigas y conflictos conyugales, que dejaban entrever una corrupción de grandes proporciones en el mismo seno de la Casa Rosada.
A mediados de 1990 el país asistió entre estupefacto y regocijado a la reyerta entre la primera dama Zulema Yoma, mujer temperamental y poseedora de su propio círculo social y de amistades -entre las que figuraban oficiales carapintadas- y su esposo, a quien la prensa atribuía una agitada vida sentimental, con numerosas aventuras extramaritales que interfirieron en su matrimonio prácticamente desde el día siguiente de celebrarse (por el rito musulmán) en 1966, dando lugar a períodos alternativos de separación y armonía.
El 11 de junio de 1990, culminando varias semanas de profundas desavenencias que empujaron a Menem a irse a vivir fuera de la quinta de Olivos, Zulema y los dos hijos de la pareja, Zulema María Eva y Carlos Facundo, alias Junior o Carlitos, vieron impedido su acceso a la residencia oficial por el jefe de la Casa Militar de la Presidencia, quien actuó ordenado por su superior.
Encolerizada, Yoma se despachó a gusto en declaraciones periodísticas donde reprochaba a su marido haber "traicionado los principios más sagrados del peronismo" y aseguraba que "no tenía intención de terminar su vida como la esposa del dictador rumano Ceausescu". Pero también acusó a su cuñado, el senador Eduardo Menem, de estar involucrado en actos de corrupción. El presidente se enredó con su mujer en un cruce de acusaciones de todo tipo, si bien cuidándose de no polemizar públicamente. La trifulca adquirió ribetes políticos al tiempo que se trasladó al terreno más práctico de un proceso de divorcio.
La interminable porfía entre Menem y la todavía su esposa, que obtuvo el apoyo de organizaciones feministas, ni siquiera experimentó una tregua cuando el 15 de marzo de 1995 Carlitos, de 26 años y protagonista habitual de las revistas del corazón por su desenfrenado ritmo de vida entre vehículos de competición y las discotecas porteñas, se mató en un accidente de helicóptero mientras coordinaba la campaña presidencial de su padre en la provincia de Buenos Aires. La tragedia familiar aceleró la sentencia de divorcio, pero Zulema volvió a la carga y difundió a los cuatro vientos la teoría de que su hijo había sido víctima de un atentado pergeñado en el entorno de su ex marido.
Pero del terreno personal de Menem emergieron otras piedras de escándalo, estas ya con implicaciones penales. Desde principios de 1991 el juez Baltasar Garzón de la Audiencia Nacional de España (el mismo que siete años después iba a iniciar un proceso criminal contra el ex dictador chileno Augusto Pinochet y que iba a incriminar a los propios ex dictadores argentinos, con la irritación añadida de Menem), en cooperación con la judicatura argentina, investigó a varios familiares y colaboradores directos del presidente por su presunta pertenencia a una banda internacional de blanqueo de dinero procedente del negocio de la droga.
Entre los imputados y procesados estuvieron una cuñada de Menem, Amalia Beatriz Yoma, más conocida por Amira, responsable de protocolo y agenda en la Casa Rosada, otros dos hermanos de Zulema, Karim y Emir Yoma, Ibrahim Al Ibrahim, ex esposo de Amira y director de aduanas del aeropuerto internacional de Ezeiza -colocado por Menem en ese puesto no obstante ser ciudadano sirio y apenas hablar una palabra de español- y Mario Caserta, vicepresidente del PJ de la provincia de Buenos Aires.
Principal protagonista de lo que la prensa vino en llamar el Yomagate, Amira Yoma fue detenida y enviada a prisión bajo fianza en julio de 1992 con la acusación de introducir en el país maletas llenas de narcodólares. Su caso ante la justicia argentina fue sobreseído por un magistrado federal en abril de 1994, aunque las cuentas con la justicia española siguieron pendientes, con una orden internacional de captura de por medio.
Al principio del turbador asunto, Menem hizo una defensa cerrada de sus familiares y amigos y presentó la actuación judicial de Garzón como una conspiración internacional contra él y contra Argentina, pero luego se fue distanciando de la suerte que pudieran correr los Yoma. Obligado a prescindir de los servicios de su cuñada cuando fue procesada en julio de 1991, el presidente encomendó la Dirección de Audiencias de la Presidencia a su otro hermano, Munir, que venía sirviendo de embajador de Argentina en Damasco. La promoción para tan sensible puesto de Munir Menem, controvertido personaje relacionado con el famoso traficante internacional de armas Monzer Al Kassar, no ayudó a remover la sombra de deshonestidad que flotaba sobre el presidente y su círculo de íntimos.
Todas estas peripecias, más las manifestaciones exuberantes e incluso frívolas de un presidente carismático aficionado a codearse con la jet set o a jugar al fútbol con su amigo e incondicional Diego Armando Maradona, fueron pasto interminable para la prensa sensacionalista. Cuando comenzó la etapa del crecimiento y el optimismo consumista de toda una clase social ambiciosa de prosperidad, los sociólogos acuñaron la expresión "farandulización de la política" para referirse al estilo de gobierno de quien era llamado despectivamente por sus fustigadores El Turco.

Una década de reelecciones conseguidas o frustradas
Y sin embargo, en todo este tiempo Menem había conseguido imponer un poco de orden en las filas justicialistas y pronto se benefició de la relativa calma social. El PJ confirmó su primacía en las legislativas parciales del 8 de septiembre de 1991 y el 3 de octubre de 1993, aunque, con el 43,1% de los votos y los 126 escaños obtenidos en la última convocatoria, siguió privado de la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.
El mandatario se apuntó un extraordinario éxito personal cuando consiguió que la UCR, por el denominado Pacto de Olivos con Alfonsín, anunciado el 14 de noviembre de 1993 y firmado el 13 de diciembre siguiente, aceptara sacar adelante una revisión de la Constitución para introducir, evitando el referéndum nacional, una importante reforma política y de las instituciones cuyo punto más llamativo era la reelección presidencial para un segundo período cuatrienal consecutivo en lugar del mandato sexenal no prorrogable.
Ésta era la segunda ocasión en la historia argentina en que un presidente disponía lo necesario para sucederse a sí mismo, y es que Menem se inspiró en la Constitución de 1949, que permitió a Perón presentarse de nuevo a las elecciones en 1951. El 22 de diciembre de 1993 la Cámara de Diputados aprobó el proyecto reformista con 188 votos a favor, 53 en contra y tres abstenciones, el 10 de abril de 1994 fue elegida la preceptiva Asamblea Constituyente y el 23 de agosto siguiente quedó promulgada la nueva Carta Magna, que sustituía a la vigente desde 1853.
Menem culminó con éxito su estrategia continuista en las elecciones generales del 14 de mayo de 1995. Él fue reelegido en las presidenciales con el 49,6% de los votos sobre el 29,2% de su inmediato rival, José Octavio Bordón, del Frente País Solidario (Frepaso), una pujante amalgama de centro-izquierda formada por socialistas y disidentes de los dos partidos principales, donde se sucedían las voces críticas al "peronismo traidor" y al "radicalismo light". En los comicios a la Cámara de Diputados, el PJ consiguió, con el 43% de los sufragios y 134 escaños, remontar el 37,6% obtenido en las constituyentes del año anterior y, de paso, su primera mayoría absoluta desde 1951. En el discurso de toma de posesión el 8 de julio, Menem anunció que en su segundo mandato iba a concentrarse en "aniquilar" el paro y en atender el malparado capítulo social.
Si bien Menem consiguió en estas consultas un respaldo electoral que reconocía sus éxitos en la estabilización de la economía, no dejó de ser objeto de duras acusaciones desde diversos colectivos considerados agraviados por su gestión, desde los sindicatos movilizados contra el ajuste hasta las organizaciones de víctimas de la dictadura, pasando por asociaciones populares de base y el gremio de periodistas. Estos últimos fueron objeto de repetidas agresiones físicas y atentados por individuos no identificados y supuestamente auspiciados desde el poder, que intentaría amedrentar a los profesionales de la información dedicados a investigar y aventar los trapos sucios del menemismo.
En el verano de 1996 se reactivó la protesta sindical por el incremento del desempleo, que alcanzó en 1995 su cota máxima del 18,4%, la reforma liberalizadora de la legislación laboral, la desarticulación de los servicios sociales y, en definitiva, por las tremendas penurias de una población que en un 25% se situaba ya por debajo del umbral de la pobreza. Este descontento quedó bien de manifiesto en las elecciones legislativas del 26 de octubre de 1997, en las que la nueva Alianza entre la UCR, el Frepaso y pequeños partidos regionalistas batió con el 45,7% de los votos al PJ, que sólo obtuvo el 36,2% y perdió la mayoría de diputados por primera vez desde 1987.
La oposición, una de cuyas primeras medidas legislativas fue la revocación, el 24 y el 25 de marzo de 1998, de las leyes de Punto Final (1986) y Obediencia Debida (1987) -votación simbólica, ya que la derogación no tenía carácter retroactivo y por lo tanto no afectaba a los varios centenares de militares que se beneficiaron de la impunidad-, advirtió que tenía en la punta de los dedos la capacidad de desalojar al peronismo del poder en las presidenciales de 1999.
De cara a esta convocatoria, Menem expresó su deseo de postularse de nuevo, mediante una segunda reforma constitucional ad hoc si era preciso, lo que levantó una corriente de oposición interna liderada por Eduardo Alberto Duhalde, popular gobernador de la provincia de Buenos Aires desde 1991 tras cesar en la Vicepresidencia de la República e identificado como su principal rival en el justicialismo. A pesar de que la cláusula transitoria 9 de la Constitución puntualizaba que el mandamiento del presidente en ejercicio en el momento de sancionarse la reforma era ya el primer mandato cuatrienal, los llamados "ultramenemistas", partidarios indeclinables del presidente, insistieron en buscar un resquicio jurídico que permitiera considerar el período presidencial iniciado en 1995 no el segundo, sino el primer cuatrienio.
Ante las resistencias suscitadas por doquier, el 21 de julio de 1998 Menem anunció que renunciaba a pugnar por la "re-reelección", dejando en apariencia el camino libre para la nominación de Duhalde, pero en febrero de 1999 reactivó la ofensiva política en busca de apoyos para su propósito. A esas alturas, una parte considerable de la militancia ni siquiera deseaba que se presentara a las elecciones primarias (para lo que sí le declaró hábil un magistrado), y el 10 de marzo la aspiración de Menem fue definitivamente anulada al rechazar la Cámara de Diputados la segunda reelección presidencial por 159 votos sobre 257. En ese momento, el grado de aceptación del mandatario en los sondeos, que tras su elección en 1989 había alcanzado el 65%, no llegaba al 15%.
El 9 de mayo de 1999 Menem cosechó una nueva derrota al perder las primarias para el candidato peronista a la gobernación de Buenos Aires su apuesta personal, Cafiero, ante el hombre de Duhalde, Carlos Federico Ruckauf, a la sazón vicepresidente de la República desde 1995, que arrasó con el 80% de los votos. Por su parte, Duhalde, una vez desembarazado de su archirrival, fue proclamado candidato presidencial el 16 de junio sin necesidad de someterse a las urnas internas del PJ.

Pragmatismo y alineación en política exterior
Durante la presidencia de Menem las relaciones entre Argentina y Estados Unidos alcanzaron la plena normalización tras medio siglo de desencuentros desde que el general Perón explorara una tercera vía en política internacional y sus sucesores se prodigaran en el Movimiento de países No Alineados.
Con este viraje histórico en la política exterior del país sudamericano, Menem buscaba el anclaje de Argentina en el grupo de países occidentales para no quedarse desconectado del flujo de decisiones y tendencias globales que nacen en el Norte, renunciando a la identificación exclusiva con las problemáticas del Tercer Mundo. Alfonsín había considerado compatible la pertenencia de Argentina a Occidente, por cultura y vínculos históricos, con su exclusión del concierto de los países más desarrollados, tanto en los aspectos económicos como en los de seguridad; para Menem, por contra, la identidad occidental dejó de ser un hecho ético-cultural y la reinterpretó en términos de alineamiento político con el grupo de países liderados por Estados Unidos.
Luego de enviar en 1990 unidades navales al golfo Pérsico para la vigilancia del embargo a Irak y de posicionarse del lado de Estados Unidos en enfoques estratégicos como el caso de Cuba, Menem, que a lo largo de su mandato realizó diversas visitas a la superpotencia norteamericana (la primera, el 27 de septiembre de 1989, marcando un precedente en un mandatario peronista), recibió en Buenos Aires a un agradecido Bill Clinton el 16 de octubre de 1997.
En el curso de su visita a la nación austral, Clinton anunció la concesión del estatus de Aliado Principal No de la OTAN (MNNA), una condición que fue efectiva el 6 de enero de 1998 y que convirtió a Argentina en el primer representante americano de un restringido grupo de países en relaciones especiales con Washington, siendo los otros Israel, Egipto, Japón, Corea del Sur, Australia y Jordania.
También con el Reino Unido, enemigo bélico en 1982, los tratos entraron por la senda de la normalización. El 15 de febrero de 1990 se reanudaron las relaciones diplomáticas y el 27 de octubre de 1998 Menem inició la primera visita a Londres de un presidente argentino desde la guerra de las Malvinas, durante la cual, el día 29, firmó con el primer ministro Tony Blair una declaración de reconocimiento mutuo de las respectivas reclamaciones de soberanía sobre las islas. Por otro lado, el 25 de junio de 1998 Menem realizó la primera visita también de un mandatario de su país a Rusia, cuyo Gobierno se refirió a Argentina como su principal socio en Latinoamérica. Asimismo, dentro de esta línea de cooperación y de plena inserción en la comunidad internacional, Argentina renunció el 28 de noviembre de 1990 a desarrollar armas nucleares.

Papel dinamizador del MERCOSUR
El 26 de marzo de 1991 Menem fue firmante, junto con sus colegas de Brasil, Fernando Collor de Mello, Paraguay, Andrés Rodríguez, y Uruguay, Luis Alberto Lacalle, del Tratado de Asunción que puso en marcha el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), ambicioso proyecto de integración regional cuyos objetivos centrales eran la liberalización total del comercio interior y la creación de una unión aduanera sobre la base de un arancel externo común (AEC).
Estos instrumentos entraron en vigor el 1 de enero de 1995 con una serie de excepciones arancelarias, a eliminar progresivamente hasta 2001 en el caso de las transacciones con el exterior y hasta 2006 para los intercambios internos. Menem se manifestó como un vehemente valedor del MERCOSUR y fue el anfitrión de varias de sus cumbres de presidentes: la II, en Las Leñas, Mendoza, el 27 de junio de 1992; la VI, en Buenos Aires el 5 de agosto de 1994; la X, en Potrero de los Funes, San Luis, el 25 de junio de 1996; y la XIV, en Ushuaia, Tierra del Fuego, el 24 de julio de 1998.
No obstante, a lo largo de 1999 Menem mantuvo un enfrentamiento con su colega brasileño Fernando Cardoso al exigirle compensaciones por las pérdidas que la devaluación a comienzos de año de la moneda brasileña, el real, estaba causado en las exportaciones argentinas al MERCOSUR, ya que aquella medida fue seguida de una avalancha de mercancías brasileñas muy competitivas a la vez que se elevaba el arancel interno para los bienes procedentes de Argentina. La pugna comercial adquiría una relevancia máxima teniendo en cuenta que Brasil ya era entonces el origen de una cuarta parte de las importaciones argentinas y el destino de la tercera parte de sus exportaciones. Con una divisa nacional anclada en el dólar, Argentina malamente podía colocar sus exportaciones en los mercados vecinos.
Con Paraguay, el Gobierno de Menem entró en otro conflicto en abril de 1999 al conceder asilo al general Lino César Oviedo, implicado en el asesinato del vicepresidente paraguayo Luis María Argaña, y luego, en septiembre, al negarse a conceder la extradición reclamada por el Gobierno de Luis Ángel González Macchi en Asunción. Por otro lado, Menem fue el anfitrión de la VI Reunión del Grupo de Río, en Buenos Aires, el 1 y 2 de diciembre de 1992, y de la V Cumbre Iberoamericana, en San Carlos de Bariloche, Río Negro, el 16 y 17 de octubre de 1995.

Visión hemisférica y legado económico del menemismo
El Gobierno de Menem asistió con nerviosismo a la evolución de la crisis monetaria en Brasil, ya que un derrumbe financiero allí como el sucedido en México en diciembre de 1994 tendría consecuencias catastróficas para Argentina. De hecho, el peso se libró del temido efecto tequila en 1995 gracias a la concesión por el FMI de un préstamo de 6.700 millones de dólares condicionado a la aplicación de un nuevo plan de ajuste. El enésimo recurso a las capacidades externas puso en tela de juicio la solidez estructural del reciente crecimiento argentino.
El caso es que, como el futuro inmediato se iba a encargar de mostrar con toda crudeza, Menem legaba un edificio económico absolutamente socavado por el déficit de las cuentas públicas, consecuencia de un sistema tributario ineficiente que su Gobierno, a diferencia de otras reformas estructurales no más urgentes, rehusó modernizar.
Sin sistematizar los impuestos, sin taponar la hemorragia de fondos hacia fines improductivos relacionados con las tramas clientelistas del justicialismo, y sin conculcar su asumido monetarismo, el problema del déficit lo afrontó la administración Menem cargándose con obligaciones financieras, bien tomando créditos externos, bien emitiendo deuda pública, y para enjuagar el primer monto de débitos confió en los ingresos obtenidos de venta de las empresas del Estado. En realidad, el déficit fiscal y la deuda externa no hicieron más que crecer en todo el período, de manera que a finales de 1999 la primera variable superaba los 7.000 millones de dólares y la segunda, sumando los montos públicos y privados, alcanzaba los 170.000 millones, más del doble que en 1989.
El 22 de enero de 1999, coincidiendo con la acumulación de noticias económicas negativas, salvo el comportamiento de la casi inexistente inflación, que auguraban una importante recesión para ese año (en efecto, el último año de ejercicio presidencial conoció una caída productiva del 3,1%), Menem propuso sustituir el peso por el dólar como moneda de cambio a fin de demostrar a las claras a los inversores el saludable estado de la economía argentina. Ello, argüía, ayudaría a consolidar la estabilidad de los precios y los tipos de interés bajos, permitiría reducir drásticamente el índice de riesgo-país e incentivaría la entrada de capitales e inversiones directas desde el exterior, necesarios para financiar el desarrollo económico.
Esta dolarización total de la economía argentina, que convertiría en oficial lo que ya venía sucediendo con los intercambios en la calle, se produciría en un hipotético tercer mandato suyo, y, según estimaba, podría extenderse a toda Sudamérica hacia 2005, paralelamente al desarrollo del Área de Libre Comercio de Las Américas (ALCA), el proyecto de desarme arancelario continental auspiciado por Estados Unidos; para entonces, el MERCOSUR bien podría decidir su desaparición, ya que habría sido subsumido por el ALCA. Según la argumentación que Menem fue desarrollando en los meses siguientes, Argentina tenía la oportunidad de mostrar "lucidez estratégica" para adelantarse a unos acontecimientos que, de todas maneras, eran inevitables, y negociar un tratado de unión monetaria con Estados Unidos, país que, sin embargo, acogió con escepticismo la propuesta.
Las inesperadas palabras de Menem, por un lado, soliviantaron a la oposición y las filas duhaldistas, y, por el otro, asombraron a los estudiosos y defensores del MERCOSUR, hablándose de "capitulación sin precedentes" que "pondría en riesgo el desarrollo de América Latina". Cardoso encontró, por tanto, un nuevo motivo de discusión con Menem, ya que el mandatario brasileño venía propugnando la consolidación y la profundización del MERCOSUR a mucho más allá de los aspectos meramente librecambistas antes que hacer cualquier progreso decisivo en el ALCA, entidad de ámbito geográfico mucho mayor pero con metas de integración bastante más modestas.
En las elecciones generales del 24 de octubre de 1999 el candidato aliancista Fernando de la Rúa Bruno batió a Duhalde con el 48,5% de los votos, más de diez puntos de diferencia, y por lo tanto a él entregó Menem la banda presidencial el 10 de diciembre. En el momento de su salida, Menem, exceptuando el sempiterno dictador cubano Fidel Castro, era el presidente más veterano de Latinoamérica, y, por lo que respecta a Argentina, se convirtió en el primer presidente civil desde Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928) que completó su ejercicio constitucional sin novedad.

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