La Rioja, Sabado 19 de Agosto de 2017

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Saenz Peña

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Roque Sáenz Peña (Buenos Aires, 19 de marzo de 1851-Buenos Aires, 9 de agosto de 1914), fue un abogado y político argentino, combatiente voluntario del ejército peruano en la Guerra del Pacífico. Ejerció la presidencia de su país entre 1910 y 1914, y es recordado por la sanción de la Ley Sáenz Peña, que instauró en Argentina el voto universal, secreto y obligatorio.

Primeros años
Roque Sáenz Peña fue hijo de Luis Sáenz Peña y Cipriana Lahitte de Sáenz Peña. Provenía de una familia de partidarios de Rosas: sus abuelos paterno y materno, Roque Julián Sáenz Peña y Eduardo Lahitte, habían sido diputados de la Legislatura durante el gobierno de aquel. Después de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros, la tradición federal de los abuelos y del padre, que no cambiaron sus convicciones, los mantuvo alejados de la función pública. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, bajo la dirección de Amadeo Jacques. En 1875 se graduó de doctor en derecho, con una tesis sobre "Condición jurídica de los expósitos".
Durante la Revolución de 1874 defiende a las autoridades de la nación como Capitán del Regimiento N° 2, bajo el mando de Luis María Campos. Vencida la revolución, es ascendido a Segundo Comandante de Guardias Nacionales, pero solicita ser relevado de las filas. Opositor a Mitre, milita en el Partido Autonomista encabezado por Adolfo Alsina y en 1876 es elegido para una banca de Diputado en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Llegó a desempeñar la presidencia del cuerpo a los 26 años, siendo así uno de los presidentes más jóvenes de la Cámara. En 1878, a raíz de las disidencias producidas dentro del autonomismo con motivo de la política de conciliación iniciada por el presidente Avellaneda a la que Sáenz Peña se oponía, renunció a su cargo y terminó por abandonar transitoriamente la política.

Guerra del Pacífico
Al declararse la guerra del Pacífico entre Chile y Perú, en 1879 se ausenta silenciosamente de su país viajando hacia Lima. Ofrece sus servicios al Perú, que le otorga el grado de Teniente Coronel (Comandante). En la batalla de Tarapacá; sirve al mando del coronel Andrés Avelino Cáceres, donde su bando obtiene un triunfo transitorio sobre Chile. En la batalla de Arica estuvo al mando del batallón Iquique, después de ser herido en el brazo derecho y contemplar impotente la muerte de muchos de sus camaradas peruanos, cae prisionero en manos del Capitán del 4º de Linea del ejército chileno Ricardo Silva Arriagada, quien le salva de la tropa chilena que le perseguía mientras huía junto a los otros oficiales peruanos sobrevivientes (De La Torre y Chocano) y no lo ejecuta por haber mostrado Saenz Peña el valor de no suplicar por su vida. (Relato de la época de Ricardo Silva Arriagada, de Asalto y Toma del Morro de Arica de Nicanor Molinare)

"Don Roque Sáenz Peña sigue tranquilo, impasible; alguien me dice que es argentino; me fijo entonces más en él; es alto, lleva bigote y barba puntudita; su porte no es muy marcial, porque es algo gibado; representa unos 32 años; viste levita azul negra, como de marino; el cinturón, los tiros del sable, que no tiene, encima del levita; pantalón borlón, de color un poco gris; botas granaderas y gorra, que mantiene militarmente. A primera vista se nota al hombre culto, de mundo. Más tarde entrego mis prisioneros a la Superioridad Militar, que los deposita, primero en la Aduana, y después los embarcan en el Itata."
Ricardo Silva Arriagada

Roque Sáenz Peña es sometido a un Consejo de Guerra y se lo confina cerca de la capital chilena. Puesto en libertad luego de seis meses, a instancias de su familia y del gobierno argentino, regresa a Buenos Aires en septiembre de 1880. El Congreso de la Nación Argentina, en voto unánime, le devuelve la ciudadanía argentina, que había perdido de jure al incorporarse al ejército peruano.

Actuación política posterior
Presidía entonces el país el General Julio Argentino Roca, y su Ministro de Relaciones Exteriores, Bernardo de Irigoyen lo nombra Subsecretario en 1880. Un año después renuncia al cargo de Subsecretario, y se traslada a Europa por dos años.
En 1884, ya de regreso en Buenos Aires, concibe el proyecto de fundar la revista Sud América junto a sus amigos Paul Groussac, Carlos Pellegrini y Exequiel Ramos Mejía, en la que sus ideas americanistas fueron publicitadas ampliamente. Apoyó la candidatura presidencial de Miguel Juárez Celman. En 1887, con Juárez Celman ya en la presidencia, es designado embajador plenipotenciario en el Uruguay. Al año siguiente resalta como representante del país en la Conferencia de Montevideo. En 1889 - 1890, junto a Manuel Quintana representa a la Argentina en la Conferencia de Washington. Allí defiende el principio de inviolabilidad de los Estados y se opone ardorosamente al proyecto estadounidense de crear una unión aduanera continental y una moneda única en el continente. A la Doctrina Monroe, que sostenía la consigna "América para los americanos", opuso la consigna "América para la humanidad". Luego vuelve a Buenos Aires para hacerse cargo de la cartera de Relaciones Exteriores del gobierno de Juárez Celman, que caerá poco después luego de la Revolución del Parque.
En medio de la grave crisis política y económica que sacudía al país, la figura de Roque Sáenz Peña se perfila como favorita para las elecciones presidenciales de 1892. Cuenta con fuerte apoyo entre la juventud, y en la Provincia de Buenos Aires. Para dificultar su candidatura, Mitre, aliado de Roca, impulsa la del propio padre de Roque, Luis Sáenz Peña. Antes que enfrentarse con su padre, Roque prefiere renunciar a su candidatura, tras lo cual declara "Lamento que circunstancias ajenas a mi voluntad, pero no extrañas a mi corazón, me impidan aceptar el alto honor". Luis le agradeció el gesto en una carta pública.
Las elecciones dan como triunfador a Luis Sáenz Peña, que designa a Roque jefe del Regimiento de Guardias Nacionales. En junio de 1892 se incorpora a la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, pero al poco tiempo renuncia a ambos cargos para retirarse de la vida pública. Ello se debía a que sus criterios ideológicos le impedían ser oficialista, pero a la vez el que su padre ocupara la presidencia le impedía ser opositor. Por un tiempo vivirá en la provincia de Entre Ríos, y regresa a Buenos Aires en 1895 para iniciar un bufete junto a sus amigos Federico Pinedo y Carlos Pellegrini. En 1898, al estallar la guerra entre Estados Unidos y España por la posesión de Cuba, se pronunció fuertemente a favor de los españoles y cubanos: "Tengo el sentimiento y el amor de mi raza, quiero y respeto como propias sus glorias en la guerra y sus nobles conquistas en la paz".
En 1905, en reconocimiento a su actuación durante la guerra del Pacífico, fue invitado oficialmente por el Perú para inaugurar el monumento al héroe peruano Francisco Bolognesi. Allí pronuncia un encendido discurso, recibe la medalla de oro que se le otorga por ley del Congreso, y los galones de General de Brigada del ejército peruano.
En 1906 el gobierno de José Figueroa Alcorta lo designa representante extraodinario para asistir a los actos de la boda de Alfonso XIII de España. Allí es nombrado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante España, Portugal, Italia y Suiza. De regreso a la Argentina, en 1907 es nombrado para encabezar las misiones diplomáticas en Suiza e Italia. Llegado a Roma, recibe instrucciones de su gobierno para representar al país en la Segunda Conferencia de Paz de La Haya junto a Luis María Drago; allí sostendrán una posición favorable a la creación de un tribunal internacional de arbitraje. En 1909 forma parte del tribunal arbitral que lauda las diferencias entre Estados Unidos y Venezuela. Su misión diplomática ante los gobiernos italiano y suizo se prolonga hasta 1910; en Italia se enterará de su proclamación como candidato a Presidente de la República. Su candidatura era apoyada por los partidarios de incluir a las minorías en el sistema político.

Presidente de la Nación
El comicio electoral se llevó a cabo el 13 de marzo de 1910, con gran cantidad de irregularidades habituales en esa época. Asumió la presidencia el 12 de octubre de 1910.
Al poco tiempo de llegar al país celebró un encuentro con el presidente Figueroa Alcorta y otra con el líder de la oposición, Hipólito Yrigoyen. En esta última entrevista el líder radical se comprometió a abandonar la vía revolucionaria, y Sáenz Peña a promulgar una ley electoral que modernizara los comicios e impidiera el fraude electoral. Yrigoyen pidió la intervención de las provincias para impedir que sus gobernadores interfirieran con dicho proceso, Sáenz Peña se negó pero permitió que el radicalismo formara parte del gobierno. Con la sanción de la ley electoral, el radicalismo se comprometía también a abandonar la postura abstencionista que mantenía como protesta por las irregularidades del sistema electoral vigente hasta entonces.
La ley propuesta estaba basada en tres elementos clave: el voto secreto, obligatorio y universal, utilizando el padrón militar. La ley fue un gran avance en su tiempo ya que permitía a grandes masas poblacionales participar del acto electoral, aunque aún distaba de ser completamente universal: las mujeres y los extranjeros (que por entonces eran una gran parte de la sociedad) aún no tenían derecho a voto. Además, aunque los extranjeros no votaban, en cambio eran tenidos en cuenta al determinar la población de los distritos y la cantidad de diputados que podían elegirse por cada uno. Sáenz Peña presentó el proyecto en el congreso con estas palabras:
"He dicho a mi país todo mi pensamiento, mis convicciones y mis esperanzas. Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario, quiera el pueblo votar."
Entre los opositores a su gobierno se encuentran los beneficiarios del antiguo régimen electoral, cuyos privilegios se veían claramente amenazados por la reforma. Así, muchos legisladores de los sectores conservadores, aún no oponiéndose abiertamente, obstaculizan la reforma. Sin embargo, gracias en gran parte a la defensa que hizo del proyecto el ministro del Interior, Indalecio Gómez — coautor del mismo — esta sería proclamada el 10 de febrero de 1912 como Ley N° 8871, conocida desde entonces como "Ley Sáenz Peña".
Las primeras elecciones realizadas en Argentina bajo la nueva ley tuvieron lugar ese mismo año, la bancada socialista creció notablemente y hubo triunfos radicales en Entre Ríos y Santa Fe. La participación electoral, que en las últimas elecciones antes de la ley rondaba el 5%, creció hasta el 62.85% para 1914.

Fallecimiento
Desde el momento de su asunción como presidente, su salud no era buena, pero la misma empeoró sensiblemente a partir del año 1913. La versión que circulaba en la época era que el presidente sufría las consecuencias neurológica de una sífilis que se habría contagiado durante la guerra entre Chile y Perú.[1] Varias veces debió solicitar licencia.
Finalmente, delegó el mando presidencial a su vicepresidente Victorino de la Plaza. Murió el 9 de agosto de 1914, dos años antes de terminar su mandato.

Homenajes
Su figura es muy recordada en el Perú, donde muchas ciudades de este país tienen una calle con el nombre de Saenz Peña o hay monumentos a su memoria.

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